Fueron cogidos de la mano a la farmacia y, por primera vez desde hacía mucho tiempo no compraron preservativos.
Habían decidido traer al mundo a un nuevo inquilino. Un inquilino para su vida, que llenaría todos los huecos, todos los recovecos, todos los vacíos. Un inquilino que les cambiaría la vida.
La prueba fue rápida, sin rodeos, sin remordimientos, y la explosión de alegría les llenó sus corazones. Se sentaron abrazados en ese sofá en el que tan buenos ratos habían pasado y disfrutaron en silencio de las lágrimas ajenas. Las lágrimas más alegres de sus vidas.
Hoy han decidido empezar a decirlo a los amigos, ya no pueden aguantar más la alegría, las ganas de gritar al mundo lo felices que se sienten, uno de esos amigos quedó sorprendido primero, exultante después y finalmente agradecido.
Ese amigo pensó que aquel chico de 17 años que conoció un día se ha convertido en un hombre muy rápido, un pequeño viaje para terminar una tediosa carrera cambió su vida para siempre, sin embargo no cambió algo que siempre lo definió, es una buena persona, y desde luego será un buen padre.
Ese amigo se siente agradecido de tenerlo a su lado en la distancia ya que alguna vez escuchó que se alejaban para encontrarse, y con noticias como la de hoy, está seguro de que la frase es cierta.
Bienvenido nuevo inquilino a este mundo.

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